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Nuestro Territorio y la biodiversidad que habita en él
El territorio no se defiende solo. La biodiversidad que aún resiste en Paterna, l'Eliana y San Antonio de Benagéber —bosques, flora, fauna, corredores verdes, espacios agrícolas— no es un decorado: es la base de la salud ecológica, de la calidad de vida y de la resiliencia de nuestros pueblos ante la crisis climática. Y está bajo una presión constante.
Estamos en un territorio profundamente antropizado: poblaciones en expansión, carreteras, polígonos industriales y una urbanización que avanza sin pausa han fragmentado el paisaje durante décadas. Y sin embargo, precisamente por eso, lo que queda merece más protección, no menos. Porque lo que sobrevive aquí no es paisaje residual: es un territorio en mosaico, característico de las zonas semiáridas mediterráneas, donde la alternancia de bosque, matorral, huerta y espacios abiertos genera una biodiversidad sorprendentemente alta, refugio de especies que en entornos más uniformes habrían desaparecido.
En el corazón de ese mosaico se encuentran algunos de los espacios naturales más valiosos del área metropolitana de Valencia. El bosque de la Vallesa —uno de los últimos pulmones forestales del entorno metropolitano, integrado en el Parque Natural del Turia— alberga vegetación mediterránea de pino carrasco, coscoja, romero y lentisco, una fauna diversa que incluye águilas perdiceras, búhos reales, jinetas y zorros, y una de las mejores poblaciones mundiales de Anthyllis lagascana, la albaida sedosa, especie endémica valenciana. El río Turia y su Parque Natural —con más de 150 especies de vertebrados, entre ellas el martín pescador, la garza imperial, el águila culebrera o el gato montés— añaden al territorio un corredor ecológico de primer orden. En el paraje de Les Moles, bajo una presión urbanística sostenida, sobreviven poblaciones significativas de Teucrium edetanum —el poliol mascle, planta endémica de la provincia de Valencia, catalogada como "vigilada" y protegida por ley frente a cualquier destrucción de su hábitat—, junto a tejones, garduñas, cogulladas y chotacabras recogidos en el catálogo valenciano de especies protegidas. Y la Horta de Paterna —declarada protegida junto al Parque Natural del Turia en 2007 y reconocida por la FAO como Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial— completa el mosaico como espacio productivo vivo que mitiga el calor, absorbe carbono, frena inundaciones torrenciales y ofrece refugio a mariposas, insectos polinizadores y aves esenciales para el equilibrio del ecosistema.
Incendios insuficientemente prevenidos, podas que dañan en lugar de proteger, repoblaciones insuficientes, escombros, tráfico excesivo y decisiones que ignoran la urgencia ecológica del momento convierten este entorno en un recurso fácilmente degradable. Frente a todo eso, la AEC actúa sobre el terreno y alza la voz donde hace falta. Porque cuidar este territorio no es una tarea accesoria ni una cuestión secundaria: es defender la salud, la memoria, la vida común y el futuro compartido de nuestras poblaciones.
Esta sección recoge esa lucha: reivindicaciones concretas y acciones reales para prevenir incendios, exigir podas responsables, impulsar una repoblación bien hecha y proteger los espacios naturales que forman parte de lo que somos.