La domesticación de la alcachofa es relativamente reciente, de hecho no tiene mucho más. El consumo del cardo alcachofero silvestre, Cynara cardunculus, junto con otro cardos probablemente se inició en tiempos inmemoriales, pero los primeros testimonios escritos remontan al s. IV a.C., con Teofrasto, discípulo de Aristóteles y considerado el padre de la botánica moderna. Griegos y romanos ya consumían tanto su receptáculos florales (alcachofas) como sus hojas (cardos). En Plinio el viejo (S. I d.C:) encontramos documentado también su uso beneficioso para el hígado, confirmado por la ciencia moderna al igual que su papel como reductor del colesterol. Igualmente ya lo usaban los pastores, al igual que otros cardos, como cuajo para la elaboración de quesos.
Sin embargo el cardo alcachofero que en aquellos tiempos se consumía y se cultivaba era el cardo alcachofero silvestre, lleno de molestas espinas que había que eliminar pacientemente (como en la foto). De hecho Columela, nacido en Gades (Cadiz) y que estudió y escribió ampliamente sobre agricultura, en su obra De re rustica, del s. I. d.C. describe el cardo alcachofero, Cynara cardunculus, como una especie "hispida", o llena de pinchos: "Hispida ponatur cinara, quae dulcis Iaccho / potanti veniat nec Phoebo grata canenti" ("Plántese la erizada cinara, que resulta dulce a Baco / cuando se bebe, pero no agrada a Febo (Apolo) cuando canta.")