Ophrys scolopax emplea una estrategia reproductiva muy especializada, el engaño sexual. La parte inferior de la flor imita la apariencia, los colores y la textura aterciopelada del abdomen de la hembra del género Eucera, un género de abejas solitaria, por lo cual los machos, confundidos, intentan copular con la flor y, así, transportan el polen de una planta a otra. Además, para redondear , nuestra Ophrys emite compuestos químicos que replican las feromonas sexuales de las hembras. Por ello, entre su nombres comunes, encontramos también los de Abejera becada o Orquídea de la abeja.
Además de engañar a abejas y abejorros macho para su reproducción, también necesita a los hongos con los que vive en simbiosis, pues sus semillas, menores a 1 mm., carecen completamente de endospermo (el tejido nutritivo presente en las semillas y que rodea al embrión) y, en ausencia de los hongos, simplemente mueren de inanición. Por ello requiere suelos que no estén ni removidos ni contaminados y que presenten una cierta cantidad que materia orgánica para que puedan vivir los hongos.
Foto: Roberto Poveda
Las Orquídeas becadas surgen a partir de un pequeño tubérculo enterrado, siendo normalmente bastante pequeñas, entre 15 y 20 cm. de altura cada ejemplar. Pasan el verano en latencia como un tubérculo subterráneo que actúa como reserva de nutrientes, en otoño-invierno desarrollan la roseta de hojas basales, capaces de soportar las heladas invernales y, en primavera, emerge el tallo floral que florece de marzo a junio.
Tradicionalmente los tubérculos de esta y otras orquídeas han sido empleados, en Turquía, los Balcanes y el Mediterráneo, para fabricar una harina muy rica en nutrientes, aromática y de propiedades medicinales, llamada salep (del árabe sahlab, a su vez del turco sahlep). La recolecion masiva ha sido el mayor problema ecológico de la orquídeas salvajes pues, para obtener 1 kg de harina, se necesitan los tubérculos de entre 1.000 y 4.000 plantas, lo que ha llevado a la sobrexplotación masiva de poblaciones silvestres de orquídeas. Por ello, actualmente, están protegidas por el Convenio de Berna y por la legislación española y valenciana, que prohíbe su recolección, arranque o comercialización.
Foto: Roberto Poveda