¿Qué amenaza a la flora de Paterna, l'Eliana y Sant Antonio de Benagéber?

El corredor del Turia y su entorno agrícola, bajo presión

1. Urbanización y fragmentación del territorio
Entre 1950 y 2026 se calcula que ha desaparecido entre el 70% y el 80% de la huerta histórica de la zona, según datos de cartografía histórica y teledetección. Y las cosas no han mejorado: infraestructuras como la A-7 By-Pass (actualmente en ampliación para duplicar el número de carriles) y la CV-35 cortan y aíslan las poblaciones de plantas, impidiéndoles conectarse y dispersarse con normalidad.


2. Abandono agrícola y cambio de usos del suelo
Cuando se abandona el cultivo tradicional de huerta —algo muy ligado al avance urbanizador del punto anterior—, se acumula biomasa vegetal que alimenta a las invasoras y dispara el riesgo de incendio. Además, con la huerta desaparece también un paisaje en mosaico —márgenes de campo, setos, bordes de camino— que albergaba una gran variedad de plantas silvestres.


3. Especies invasoras
Las plantas invasoras son especies llegadas de otros territorios que, una vez instaladas, se expanden sin freno y arrinconan a las autóctonas: les roban espacio, agua y luz, y alteran el suelo. En la ribera del Turia, la caña común (Arundo donax) es el ejemplo más claro: ha colonizado grandes tramos del río y ha desplazado a sauces, álamos y tarajes. Los terrenos abandonados y los bordes de infraestructuras son sus principales puertas de entrada.


4. Incendios forestales
La Vallesa y el Parque Natural del Turia tienen un historial de incendios que habla por sí solo. El más grave fue el del 10 de agosto de 1994, que arrasó unas 200 hectáreas y obligó a evacuar más de 600 viviendas. Desde entonces los episodios han sido recurrentes: en 2006 por el corte de un cable de alta tensión; en 2007 otro incendio en la zona de cañar, con un conato ese mismo verano y dos incendios el año anterior por líneas eléctricas; en mayo de 2024 ardieron cerca de 30 hectáreas y se desalojaron unas 50 viviendas, en un incidente investigado como presuntamente intencionado; y en agosto de 2025 hubo un nuevo fuego en la partida de Botaia, en Riba-roja, muy cerca de un colegio y 40 viviendas. Tras cada incendio, el pino carrasco (Pinus halepensis) vuelve a crecer rápido, pero acaba desplazando a los arbustos mediterráneos de mayor valor ecológico —coscoja, lentisco—, que necesitan décadas para recuperarse. El cambio climático agrava todo esto: más calor, sequías más largas y vientos secos amplían la temporada de riesgo y hacen los fuegos más intensos.


5. Contaminación atmosférica, hídrica y del suelo

  • Atmosférica: el tráfico denso de la A-7 y la CV-35 emite óxidos de nitrógeno y partículas que afectan a la flora más sensible de los márgenes de la carretera.

  • Hídrica por nitratos: la agricultura intensiva contamina acuíferos y acequias, favoreciendo plantas oportunistas que se benefician de suelos muy cargados de nutrientes, a costa de las especies más especializadas.

  • Por plaguicidas: herbicidas e insecticidas perjudican a los polinizadores y a otros organismos clave para que las plantas se reproduzcan y dispersen.

  • Sellado del suelo: el asfalto y el hormigón impiden que el agua se filtre, alteran la distribución de semillas y dañan los hongos del suelo que ayudan a los árboles a nutrirse, dificultando la regeneración vegetal.


6. Cambio climático
Cada vez hay menos agua en el Turia y las temperaturas suben: esto reduce y deteriora el hábitat de las plantas de ribera que más dependen de la humedad. Al mismo tiempo, las condiciones más secas favorecen la extensión de matorrales degradados a costa del bosque mediterráneo maduro. El cambio climático no es solo un problema más de la lista: es la amenaza que está detrás de casi todas las demás y las hace más difíciles de revertir.